miércoles, 8 de febrero de 2012

2) Temas claves de la agenda de una ética para el desarrollo

2.1 Desarrollo Técnico y Desarrollo Humano [1]

Hay dos conceptos de desarrollo. El concepto que fue usual durante muchos años era la idea de que el desarrollo tecno-científico, económico, basta para remolcar, como una locomotora, los vagones de todo el tren del desarrollo humano, es decir: libertad, democracia, autonomía, moralidad. Pero, lo que se ve hoy día, es que es un hecho que estos tipos de desarrollo han traído muchas veces subdesarrollos mentales, psíquicos y morales.
Es evidente que el problema fundamental es el desarrollo humano, que debe ser un concepto multidimensional. Hay un concepto promedio, el concepto enmendado del desarrollo únicamente técnico. Fue en cambio la idea del desarrollo sostenible, la que introdujo la idea del porvenir del planeta, del porvenir de los seres humanos, y también la necesidad de la salvaguardia vital de los humanos, que es una consideración ética.
Pero, debemos ver, ante todo eso que resulta del desarrollo técnico-económico. Muchas veces fue el individualismo, en el sentido de pérdida de las solidaridades tradicionales; el egocentrismo, que también destruye y olvida las solidaridades, y que se consagra únicamente a su propio interés; la pérdida de muchas aptitudes polivalentes del ser humano por la hiperespecialización de cada persona, la pérdida de muchas facultades por la adaptación y para enfrentar su destino.
Se puede decir también que un cierto tipo de alfabetización no consistió solamente en el hecho de enseñar el lenguaje, de enseñar cultura, sino se caracterizó también por el hecho de rechazar, de despreciar culturas orales multimilenarias, que no sólo tenían supersticiones, sino que también saberes y sabidurías.
En este desarrollo, tal como podemos verlo en los países llamados desarrollados (o más desarrollados), hay la disminución del sentido de la responsabilidad personal, y hay muchas más cuestiones contraproducentes, como lo decía hace treinta años Ivan Illich, en todos los sectores: la polución urbana, la burocratización de las actividades, la hiper-especialización de la medicina que olvida las personas, todos los defectos, y enfermedades de la vida cotidiana.
Pienso que la incapacidad profunda de estos tipos de desarrollo es que están basados únicamente en la cuantificación, el cálculo, y consideran el bienestar humano únicamente en términos cuantitativos y monetarizados. No se ven los problemas de las calidades de vida, y la calidad misma de la vida, que escapan a la cuantificación. Sabemos, por ejemplo, que un tipo tradicional antiguo de agricultura familiar polivalente era una economía que permitía subsistir con un pequeño sector monetarizado para los intercambios. ¡Es una vida menos fea que la vida de una persona que se encuentra sin dinero en las villas miserias, callampas o favelas, en un mundo totalmente monetarizado!
Podemos decir entonces que el desarrollo, en el sentido únicamente técnico y económico, provoca la agravación de las dos pobrezas – la pobreza material para tantos excluidos, y también una pobreza del alma y de la psiquis. Desarrollo humano significa entonces integración, la combinación, el diálogo permanente entre los procesos tecno-económicos y las afirmaciones del desarrollo humano, que contienen, en sí mismas, las ideas éticas de solidaridad y de responsabilidad. Es decir que hay que pensar de nuevo el desarrollo para humanizarlo. ¿Cómo integrar la ética? No se puede hacer una inyección de ética como se hace una inyección de vitaminas en un cuerpo enfermo. El problema de la ética es que debe encontrarse en el centro mismo de este desarrollo.
La cuestión de la técnica es muy bien conocida. La polivalencia de la técnica desde la prehistoria, donde la posibilidad de hacer instrumentos para el trabajo daba al mismo tiempo la posibilidad de hacer armas para matar. Pero hoy día el desarrollo de las máquinas, de la técnica, no es únicamente un desarrollo que tiene la posibilidad de domesticar las energías físicas y de la naturaleza al servicio de los humanos; es también un desarrollo que ha domesticado los humanos al servicio de las máquinas –es decir, a obedecer a la lógica de las máquinas, que es la hiper-especialización, la cronometrización, y el mecanicismo o determinismo mecanicista. Hay hoy día en nuestras sociedades una mentalidad adaptada muy bien para controlar y para conocer las máquinas artificiales, pero que no sirve para controlar y para conocer los seres humanos. Porque los conocimientos que se basan únicamente en la cuantificación y el cálculo no pueden conocer lo que significa la vida, es decir la pasión, el amor, el sufrimiento, todos los rasgos subjetivos de la Humanidad. La objetividad cuantitativa no conoce lo real, conoce sólo la parte superficial de lo real.
Si además vemos ciencia, técnica, economía y beneficios como los cuatro poderosos motores del porvenir humano, hoy día vemos también que no hay tampoco la regulación económica necesaria, sobre todo en el mercado mundial actual que se ha desarrollado desde los años noventa. Hay la lógica de la rentabilidad, es una lógica que produce las poluciones tan comunes, y que constituyen un peligro para todo el planeta. La única gran profecía de Karl Marx fue la idea que la mercancía va a reemplazar todas las relaciones humanas. Hoy día no son únicamente las relaciones humanas, las relaciones biológicas también, porque los genes –la vida misma– se han convertido en mercancías, en algo que se puede vender; se puede hacer de los genes una propiedad privada.
Si vemos todos estos problemas, podemos decir que estamos en un Titanic planetario, con su «cuatrimotor» técnico, científico, económico y de beneficios, pero no controlado éticamente y políticamente. ¿dónde encontrar posibilidades de esta regulaciones y controles ético y político? Pienso que las fuentes pueden encontrarse en la segunda hélice de la mundialización; abandono la metáfora del cuatrimotor para tomar una nueva metáfora la de una doble hélice.
La primera hélice –muy conocida– es la hélice que impulsó la mundialización comenzada a fines del siglo XV, con la conquista de América. Un proceso que continuó con la colonización, con la esclavitud, con la conquista, con el lucro. Es el fenómeno de la dominación. Y, al mismo tiempo, hay una segunda mundialización, que le es antagónica y también inseparable. La segunda mundialización empieza con Bartolomé de Las Casas, quien afirmó que los indios de las Américas tenían una personalidad humana, cosa que era negada por los teólogos católicos españoles. Se continuó con Montaigne, que decía que otras civilizaciones aparte de la occidental tienen sus valores. Se continuó con las ideas nacidas en el mundo mismo de la opresión, que fue el Occidente europeo: ideas de las libertades personales; las ideas universalistas y humanistas, que llevaron a la abolición de la esclavitud; los procesos de promoción de los derechos de los hombres y mujeres; los procesos de descolonización; la difusión de la democracia; y hoy en día la conciencia ecológica, es decir, de una comunidad de destino humano y del planeta.
Esta segunda mundialización tiene en sí misma una fuerza, un motor de responsabilidad y de solidaridad. Es la conciencia también y el sentido de la comunidad de destino: comunidad de destino planetario –evidente–, pero también de continentes. Tenemos una comunidad europea. Se debe discutir, se debe desarrollar el sentido de la comunidad de destino latinoamericano. Esto es la conciencia, porque no se pueden adelantar las cosas sin la inteligencia y la conciencia que pueden introducir la ética y la política, los partidos políticos y el pensamiento político, en el desarrollo mismo. No hay que subordinar más el desarrollo humano al desarrollo económico; debemos invertir esto y subordinar el desarrollo económico al desarrollo humano. Ese me parece es el papel ético fundamental. No debemos ser simples objetos en este Titanic sin piloto, sino que debemos cambiar y ser sujetos de la aventura humana.


2.2 Desarrollo sostenible[2]

El desarrollo sostenible procura satisfacer las necesidades del presente sin hipotecar las de las generaciones venideras. Debemos hallar un medio de solucionar los problemas sociales y medioambientales de hoy y aprender a vivir de manera sostenible.


Archivo:Desarrollo sostenible.svg


¿Qué es el desarrollo sostenible y cómo puede lograrse?
¿A qué llamamos exactamente desarrollo sostenible y cómo puede alcanzarse? Veamos algunos ejemplos concretos de lo que cabe hacer:

- Fomentar la paz
En el decenio de 1990 se produjo un aumento de los conflictos tanto en África y América del Sur, como en Asia y Europa. La guerra es un estado de violación extrema de los derechos humanos, en particular el derecho a la vida, y de profunda desorganización en el país, que aniquila todo progreso social y económico. Sin paz, no será posible ningún modelo de desarrollo. Por ello, fomentar la paz es también trabajar en pro del desarrollo sostenible.

- Luchar contra el calentamiento del planeta
Expertos de todo el mundo estudian las causas y consecuencias de las emisiones de gas con efecto invernadero, que se encuentran en el origen del calentamiento global del planeta. La comunidad internacional se ha movilizado para hacer frente a este problema.
Se han adoptado medidas para preservar el planeta de las repercusiones negativas del calentamiento mundial causado por la contaminación del aire (transporte, fábricas y centrales nucleares), entre ellas el cambio climático, el aumento de los niveles del mar y la modificación de las corrientes marinas. Debemos, pues, proteger el planeta a fin de transmitir un patrimonio sostenible a las generaciones futuras.

- Reducir las desigualdades entre el Norte y el Sur y luchar contra la pobreza
Un importador del Norte organiza un circuito de compra y distribución de café producido por agricultores del Sur en un entorno preservado.
Estos agricultores venden su producción a un precio justo, lo que les permite cubrir los costos de producción y vivir dignamente. Estamos hablando del comercio justo, que contribuye a reducir la pobreza.

- Luchar contra la marginación de las mujeres y las niñas
En el Sur, la alfabetización de las mujeres y la asistencia de las niñas a la escuela garantiza el bienestar de sus familias: los niños están mejor nutridos, cuidados y, por lo menos, cursan el ciclo completo de enseñanza primaria. Las madres pueden contribuir entonces a los ingresos familiares mediante actividades económicas y participan plenamente en la vida de la comunidad. La alfabetización de adultos o la escolarización de los niños permiten a todos y cada uno beneficiarse de su derecho a la educación.

- El desarrollo sostenible implica una visión diferente del mundo
El desarrollo sostenible, concepto en constante evolución, es por tanto la voluntad de mejorar la calidad de vida de todos, incluida la de las futuras generaciones, mediante la conciliación del crecimiento económico, el desarrollo social y la protección del medio ambiente.
Como bien ilustran los ejemplos anteriores, la mejora de la calidad de vida se concreta de forma diferente de un continente a otro, de una nación a otra, y de un país a otro. Sin embargo, ningún continente, gobierno, institución o persona pueden por sí solos alcanzar este objetivo, por cuanto la índole de las dificultades que han de superarse requiere a la vez un compromiso internacional, colectivo e individual.
Para mejorar nuestra calidad de vida es preciso cambiar nuestro aprendizaje. Tal y como destaca el Director General de la UNESCO Koichiro Matsuura: “La educación, en todas sus formas y todos sus niveles, no es sólo un fin en sí mismo, sino también uno de los instrumentos más poderosos con que contamos para inducir los cambios necesarios para lograr un desarrollo sostenible.”


2.3 El capital social y la cultura[3]

Existen cuatro formas básicas de capital:
-         Capital Natural, constituido por la dotación de recursos naturales con que cuenta un país.
-         Capital Construido, generado por el ser humano que incluye diversas formas de capital (infraestructura, bienes de capital, financiero, comercial, etc.).
-         Capital Humano, determinado por los grados de nutrición, salud y educación de su población.
-         Capital Social, descubrimiento reciente de las ciencias del desarrollo.

El Capital Social abarca por lo menos cuatro dimensiones:

-         El grado de confianza existente entre los actores sociales de una sociedad
-         Su capacidad de asociatividad
-         La conciencia cívica
-         Los valores éticos predominantes en una sociedad

Estos elementos son evidenciadores de la riqueza y fortaleza del tejido social interno de una sociedad.  La confianza, por ejemplo, actúa como un “ahorrador de conflictos potenciales” porque limita el “pleitismo”.  Las actitudes positivas en materia de comportamiento cívico, que van desde cuidar los espacios públicos hasta el pago de los impuestos, contribuyen al bienestar general.  La existencia de altos niveles de asociacionismo indica que es una sociedad con capacidades de actuar cooperativamente, armar redes, concertaciones, sinergias de todo orden a su interior.
El capital social se expresa en formas muy concretas:
-         El voluntariado
-         La responsabilidad social empresarial
-         El aumento de la participación ciudadana
-         El fortalecimiento de las organizaciones de los pobres,  abriéndoles oportunidades productivas y ayudándolas a  capacitarse.
Entre los factores en los que se expresa la densidad de capital social se hallan las estructuras sociales más horizontales, el número de asociaciones culturales, los índices de participación ciudadana y los de lectura de diarios.
Cuanto más denso es el tejido social, mayor será la participación y presión ciudadana por un funcionamiento eficiente de los servicios básicos, dado que es más posible obtener resultados exitosos en comunidades civilmente comprometidas.
Una combinación de políticas públicas transparentes –libres de toda corrupción, con gerencia de primera calidad, que garanticen a toda la población, como corresponde en una sociedad democrática, sus derechos a la alimentación, la salud, la educación y el trabajo- y un capital social movilizado a pleno que las complemente puede desencadenar círculos virtuosos en el país y la región.
Se ha instalado una potente área de análisis en vertiginoso crecimiento que gira en derredor de la idea de capital social. Uno de los focos de esa área es el reexamen de las relaciones entre la CULTURA y el DESARROLLO. Hay múltiples aspectos en la cultura de cada pueblo que pueden favorecer a su desarrollo económico y social; es preciso descubrirlos, potenciarlos y apoyarse en ellos y hacer esto con seriedad significa replantear la agenda del desarrollo de una manera que a la postre resultará más eficaz, porque tomará en cuenta potencialidades de la realidad que son de su esencia y, que hasta ahora, han sido generalmente ignoradas.
Diversos componentes no visibles del funcionamiento cotidiano de una sociedad, que tienen que ver con la situación del tejido social básico, inciden silenciosamente en las posibilidades de crecimiento y desarrollo.
La cultura cruza todas las dimensiones del capital social de una sociedad.  La cultura subyace tras los componentes básicos considerados capital social, como la confianza, el comportamiento cívico y el grado de asociativismo.  Como lo caracteriza el informe de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo de la UNESCO (1996): “la cultura es maneras de vivir juntos…moldea nuestro pensamiento, nuestra imagen y nuestro comportamiento.  La cultura engloba valores, percepciones, imágenes, formas de expresión y de comunicación y muchísimos otros aspectos que definen la identidad de las personas y las naciones”.  Las interrelaciones entre cultura y desarrollo son de todo orden y asombra la escasa atención que se les ha prestado.
En el centro del capital social se hallan múltiples elementos del campo de la cultura.  Arizpe (2007) destaca: “La teoría y la política del desarrollo deben incorporar conceptos de cooperación, confianza, etnicidad, identidad, comunidad y amistad, ya que estos elementos constituyen el tejido social en que se basan la política y la economía”.
La cultura es el ámbito básico donde una sociedad genera valores y los transmite generacionalmente.  Son notables, al respecto, los resultados alcanzados por sociedades que han cultivado consistentemente el voluntarismo en las nuevas generaciones.   El cultivo de los valores a través de la cultura y la participación, desde los primero años, en actividades voluntarias y en tareas comunitarias tiene un peso considerable en la adquisición de compromisos cívicos en las edades adultas.
Las áreas económica, política y social están inextricablemente ligadas.  Lo que suceda en cada una de ellas va a condicionar severamente las otras. La visión puramente economicista del desarrollo puede tropezar, en cualquier momento, con bloqueos muy serios que surgen de las otras áreas y así se ha dado en la realidad.
En la visión convencional se suponía que, al alcanzar tasas significativas de crecimiento económico, éste se “derramaría” hacia los sectores más desfavorecidos y los sacaría de la pobreza.  El crecimiento sería, al mismo tiempo, desarrollo social.  Las experiencias concretas han indicado que las relaciones entre desarrollo económico y social son de carácter mucho más complejo.  Para que el crecimiento signifique bienestar colectivo, debe haber simultáneamente desarrollo social.
El desarrollo social fortalece el capital humano, potencia el capital social y genera estabilidad política, bases esenciales para un crecimiento sano y sostenido.
Capital social y cultura pueden ser palancas formidables de desarrollo si se crean las condiciones adecuadas. 
La idea de capital social abre nuevas vías a la interpretación de las causas de las frustraciones de América Latina en las últimas dos décadas y al mismo tiempo enriquece la posibilidad de buscar soluciones reales.  La propuesta no es reemplazar la visión economicista ortodoxa del desarrollo por el enfoque del capital social.  Es marchar hacia un modelo de desarrollo integrado. En el abordaje ortodoxo sólo se pone énfasis en dos formas de capital: el capital natural y el capital construido. Con dificultades, la economía convencional fue aceptando en las últimas décadas la existencia de una tercera forma de capital, el humano.  La noción de capital social no excluye ninguno de los tres anteriores, sino se plantea como otra forma de capital que hay que sumar a ellos para captar la real dinámica del desarrollo.  Los cuatro son necesarios para el desarrollo.
Las insuficiencias del modelo de desarrollo latinoamericano en las últimas décadas aparecen fuertemente vinculadas entre los aspectos básicos a los pronunciados deterioros en los capitales humano y social. Así ejemplificándolo,  en el primer caso la brecha en educación entre la región y los países de desarrollo alto y mediano creció pronunciadamente, mientras que en lo relativo al capital social, las altísimas desigualdades características de la región, atentaron contra el desarrollo de la confianza, y la conciencia cívica. Un modelo sólo centrado en las formas clásicas de capital, unidimensional, generó resultados muy precarios.
La inclusión de las cuatro formas de capital, y su complementación continua en circuitos virtuosos, crea la posibilidad de un modelo de desarrollo integrado, que ha sido la base de las economías más exitosas de las últimas décadas.


2.4 Cambio Climático[4]

Rajendra Pachauri, presidente del panel de la ONU sobre cambio climático, enfatizó, al recibir el Premio Nobel de la Paz 2007, que debía prestarse especial atención a “los impactos del cambio climático sobre las comunidades más pobres del mundo, porque pueden ser extremadamente desestabilizantes”. Otro Nobel de la Paz, el arzobispo Desmond Tutu, denunció que se está produciendo un nuevo apartheid, el climático. Los países y poblaciones pobres son mucho más vulnerables a las sequías, catástrofes, inundaciones, epidemias que está generando el calentamiento de la tierra, y tienen mucha menor capacidad de adaptarse a estas realidades.
Plantea: “¿Cómo puede una campesina pobre de Malawi adaptarse al cambio climático cuando las frecuentes sequías y la falta de lluvia merman la producción? ¿Quizá tendrá que reducir la calidad de la nutrición de su familia o sacar a sus hijos de la escuela? ¿Cómo puede una persona que vive en un barrio marginal de Manila o Puerto Príncipe protegido sólo con planchas plásticas y metálicas adaptarse a ciclones cada vez más intensos? ¿Cómo pueden las personas que viven en los grandes deltas del Ganges o el Mekong adaptarse al anegamiento de sus viviendas y de sus tierras?”.

El riguroso y agudo Informe de Desarrollo Humano 2007, del PNUD, dedicado a la lucha contra el cambio climático subraya: “A medida que aumenta el nivel del mar, ciudades como Londres y Los Angeles pueden enfrentar el riesgo de inundaciones, porque sus habitantes están protegidos por modernos sistemas de defensa. Por el contrario, cuando el calentamiento global altera los patrones climáticos en el Cuerno de Africa, significa la pérdida de cosechas, y hambrunas”.
Según los datos del Informe, entre 2000 y 2004, 264 millones de personas fueron afectadas por desastres climáticos anuales. El 98% vivía en países en desarrollo. En los países ricos que integran la OCDE sólo uno de cada 1500 habitantes recibió el impacto, en los países en desarrollo, uno de cada diecinueve. El índice de vulnerabilidad de los pobres es 79 veces peor.
El proceso de calentamiento global avanza con fuerza. Las emisiones de gases de efecto invernadero que atrapan el calor e impiden sea expulsado a la atmósfera han alcanzado 380 partes por millón de dióxido de carbono, cifra mayor al rango de los últimos 650.000 años. En 2006 fue puesto en la atmósfera un volumen de dióxido de carbono igual al estimado por el Panel ONU en el peor de sus escenarios. El calentamiento ha acelerado el deshielo de los glaciares árticos, que puede llevar a un rápido crecimiento en el nivel de los mares.
Ya se ven cambios como la extinción de especies y la pérdida de biodiversidad. Las reservas de peces retroceden, tierras arables se vuelven infértiles y hay más personas sin agua potable. Algunos de los impactos, como las sequías, las tormentas más intensas y las inundaciones están borrando los progresos que poblaciones pobres habían hecho en relación con las metas del milenio.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, advierte que existe la amenaza de una “doble catástrofe, con tempranos reveses para el desarrollo humano de los pobres del mundo seguidos luego de peligros a largo plazo para toda la humanidad”.
Hay serios riesgos para América latina, una región con el 38% de su población en la pobreza. La mayor vulnerabilidad de los pobres se ha visto con claridad en los recientes desastres de Pisco, Tabasco y Santo Domingo. Ellos fueron masivamente los más golpeados.
Ciento veintiocho millones de latinoamericanos viven en tugurios, en áreas fácilmente inundables, no protegidas y en viviendas precarias.
Uno de los campos de mayores riesgos es el de la salud pública. Se estima que, a nivel mundial, las víctimas del paludismo, que actualmente mata un millón de personas por año, pueden crecer de 220 a 400 millones, y enfermedades como el dengue, típicas de América latina, pueden ampliarse.

Una paradoja inaceptable de toda la situación es que, mientras los principales países emisores de gases invernadero tienen avanzados sistemas de protección, los daños más importantes los están experimentando los países que menos contaminan. Los países ricos están generando el 46% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono, América latina sólo el 5%, los países más pobres, el uno por ciento.
El director de Medio Ambiente de la ONU, Achim Steiner, dice que la estabilización de las emisiones es posible mediante la aplicación de tecnologías ya existentes o en desarrollo. Verificándolo, en la Cumbre Mundial de Bali se han presentado, junto con la necesidad de recortes drásticos de las emisiones, innúmeras propuestas, entre ellas la de Greenpeace, que planteó la creación de un fondo especial para preservar un pulmón del planeta, como el Amazonas, en riesgo por la deforestación. La Organización Meteorológica Mundial pidió medidas que ayuden ya a la población a enfrentar la escasez de agua, los climas extremos y otros peligros.
No hay demasiado tiempo para superar los intereses creados, denunciados con frecuencia, y actuar. Según el informe del PNUD, el mundo tiene sólo diez años para cambiar el rumbo, porque se está cerca de los puntos de inflexión en los que se puede pasar a deterioros muy graves.
El panel de la ONU, constituido por 2000 científicos de 140 países, que ha trabajado metódicamente durante 19 años, no ha dejado lugar a dudas. El mundo está en riesgo, y millones de personas pobres están sufriendo ya severos daños. De Boer, secretario de la Convención sobre cambio climático de la ONU, subraya: “El cambio climático ya ha comenzado y golpeará más duramente a los países más pobres”. Se estima que existen hoy 25 millones de “refugiados climáticos” en el mundo que no son reconocidos por el Derecho Internacional, que sólo protege a los que escapan de guerras o persecuciones.
Al Gore, también premiado con el Nobel 2007, resumió la situación con precisión al aceptarlo. “La próxima generación nos hará una de estas dos preguntas: “¿En qué estaban ustedes pensando, por qué no actuaron?, o ¿cómo encontraron el coraje moral para levantarse y resolver exitosamente una crisis que muchos decían que era imposible de solucionar?”.

2.5 Cambio climático: Impacto en la Argentina [5]

En la zona cordillerana, la temperatura promedio subió un grado y hay glaciares que ya tuvieron una retracción del 40 por ciento producto de ello y de la actividad minera. La desertificación avanza 600 mil hectáreas por año. Y sólo el 30 por ciento de los bosques originarios permanecen en pie a causa de los desmontes para la expansión de la frontera agropecuaria. Los efectos negativos de las inundaciones y sequías se potencian. Las poblaciones originarias y campesinas lo sufren más que nadie; igual que los urbanos más pobres viven a la buena de los basurales a cielo abierto y enfermedades que habían sido desterradas.
El Cambio Climático (CC) es un hecho. Se siente hasta en las amenazas del granizo rompe-autos y las románticas nevadas porteñas. Tercer Sector muestra la mirada de las organizaciones sociales sobre los problemas más acuciantes de los principales recursos del país.
Para comprender el fenómeno del Calentamiento Global, primero hay que hablar de economía, que –por definición básica– es la actividad humana que transforma los beneficios de la naturaleza a fin de producir, administrar e intercambiar bienes para su existencia. El aumento de la emisión de gases –como el dióxido de carbono y el metano, por el uso y quema de combustibles fósiles en las industrias– agravó lo que se denomina “efecto invernadero”.
Los modelos productivos de Estados Unidos y China ubican a esos países como los dos que generan más de la mitad del total global de los Gases del Efecto Invernadero (GEI). América latina aporta el 7,5 por ciento y Argentina el 0,84, lo que la ubica en el puesto 25.
No obstante, “si bien el país emite un porcentaje muy bajo, lo que emite per cápita está por encima de la media mundial”, reparó María Eugenia di Paola, directora Ejecutiva de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (Farn).
Por todo esto no se puede hablar de medio ambiente sin hablar de la forma en que se produce.

Agua que no haz de beber
Sólo el 2,5 por ciento del agua del planeta es potable. En Argentina, entre el 75 y el 80 por ciento de ese recurso es destinado a la producción agropecuaria.
“Debiera hacerse una mejor asignación del recurso, así como un mejoramiento de la tecnología del agro de manera que se la ahorre”, aconsejó Juan Rodrigo Walsh, vicepresidente de la Asociación Argentina de Ingeniería Sanitaria (Aidis). Para la población, la cosa cambia. Según datos oficiales, el 20 por ciento (8 millones de argentinos) carece de ese bien considerado como un derecho humano. Pero fundamentalmente por falta de inversión e infraestructura.
Si se habla del recurso en sí mismo, Argentina lo tiene en cantidad. El 70 por ciento está en glaciares y periglaciares (formaciones de hielo que están alrededor de la masa congelada o en su parte subterránea o se ubican en las montañas) de territorios áridos del área cordillerana, “que son las reservas hídricas más importantes y uno de los atemperantes del CC”, destacó Marcelo Girault, geógrafo y miembro de la Asamblea Popular por el Agua, una OSC mendocina.
El drama del CC hizo que la temperatura promedio en esa zona se incrementase un grado y produjera el retroceso de esas masas de hielos, con la consecuente baja de los caudales de los ríos. Un informe oficial precisa que en la Península Antártica la temperatura promedio aumentó 2,5 grados, y de 50 glaciares compartidos con Chile, “sólo uno está creciendo, otro está en equilibrio y 48 están retrocediendo”.
Si bien no se sabe cuál es la superficie de masa de hielo total en el país, “lo que sí se sabe es que a causa del CC y la actividad minera, los glaciares Toro 1 y 2, y el Esperanza, redujeron su caudal en un 40 por ciento”, reveló Cristina Martín, presidenta de la OSC interprovincial Conciencia Solidaria.

Minería on the rock
En octubre de 2008, el Congreso sancionó una ley de glaciares[6] que tuvo el visto bueno de varias OSC, pero al mes fue vetada por el Ejecutivo, dejando la puerta abierta al crecimiento de la explotación minera.
¿Qué relación hay entre la minería y los glaciares? Esa explotación tiene base en 5 mil kilómetros de territorio cordillerano –zona glacial y periglacial– y la puesta en marcha de un emprendimiento –sólo uno de los 14 que se conocen– demanda 1.100 litros de agua por segundo. La región es semidesértica. ¿De dónde se abastece?
El problema empieza en la logística previa a la explotación. “La construcción de caminos, el ir y venir de camiones y la remoción de suelo provoca una capa de polvo en los glaciares que absorbe los rayos solares y los retrae”, explicó Girault, cuya OSC se suma al centenar de organizaciones de todo el país que rechazan el nuevo proyecto de ley que ya tiene media sanción del Senado porque, entre otras cosas, no reconoce íntegramente las zonas periglaciares ni pone plazos para un inventario de esos recursos.
Pero la cuestión no termina en la superficie. “El mineral explotado de manera tradicional desapareció, ahora está disuelto en la roca y es extraído por un proceso que utiliza químicos que deja consecuencias más graves”, añadió la titular de Conciencia Solidaria.
Lo que se utiliza en esas minas de oro, cobre, plata, plomo, estaño, litio, zinc, cobalto, potasio, níquel y uranio, principalmente, es cianuro, cuyo efecto contaminante se expande a las napas, los arroyos y ríos que abastecen a pueblos enteros.

Con la resistencia baja
“Claramente hay una relación entre medio ambiente y las formas de producción. Entre megaminería, loteos y cultivos transgénicos no se hace más que modificar los usos del suelo y generar un caos en el ordenamiento territorial”, sintetizó Raúl Montenegro, titular de la Fundación para la Defensa del Medio Ambiente (Funam) y premio Nobel Alternativo 2004.
El ciclo hídrico del país se mantiene en 25 años de inviernos cálidos y veranos lluviosos, y otros 25 de inviernos fríos y veranos secos. El caudal de lluvias en los últimos 40 años aumentó entre el 10 y el 40 por ciento, según las zonas. El nordeste es la más dañada tanto por la abundancia como por la falta de agua.
“La sequía que (este año) sufrió el centro argentino es un fenómeno normal de ambientes semiáridos. No fue la peor ni va a ser la más grave. Lo que pasa es que coincidió con la Resistencia Ambiental (RA) más baja del país.”
La RA se establece de acuerdo con la superficie de ambiente nativo de un territorio. Si se destruyen esos ambientes, la RA disminuye. “Entonces –continuó–  el problema de la tierra es que no sólo no tiene resistencia a la sequía, sino tampoco a la lluvia y a las inundaciones. Cualquier alteración que se produzca impacta de una manera más grave.” Y Argentina destruyó el 70 por ciento de su bosque nativo.

Pisando la tierra
La industria forestal, la agricultura, la ganadería y el infaltable negocio inmobiliario dejaron en pie el 30 por ciento de los bosques. Entre 1937 y 1987 se deforestaron 2.355.308 hectáreas, y en los últimos 19 años se desmontaron 6.436.899. La superficie actual es de 28.743.101 hectáreas. La pérdida de masa boscosa originaria es inversamente proporcional al crecimiento de la frontera agropecuaria. La destrucción de la flora y la fauna, incalculable. El desplazamiento de pueblos originarios y campesinos, violento.
La sanción de la Ley de Bosques frenó el 60 por ciento de los desmontes. “Varias provincias mantenían una política de permisos desenfrenados y a partir de la ley se vieron alertadas. No obstante, existen denuncias de desmontes ilegales”, afirmó Carina Quispe, directora de Política Ambiental de Farn.
La norma “marcó un antes y un después, fue muy buena porque articuló con la de Presupuestos Mínimos que establece un fondo” que Nación debiera girar a las provincias, de cuya órbita dependen los recursos naturales. Sin embargo, OSC como Greenpeace y Farn criticaron al Gobierno porque el Presupuesto 2010 destinó sólo 300 millones de pesos, de los 820 que debió asignar.

La industria de la desertificación
Por la utilización de combustibles fósiles, la agricultura y el sector energético generan el 90 por ciento de los GEI en la atmósfera. En la tierra también dejan secuelas: el CC y la ampliación de tierra para el cultivo también  aumentan la desertificación. Según el Instituto de Investigación de las Zonas Áridas (Iadiza), el 70 por ciento del territorio del país corresponde a tierras secas. “La gradación de las condiciones de sequedad se establece en la relación entre las precipitaciones y lo que necesitan las plantas para vivir. Lo que no es natural es la degradación de esas tierras por pedirle al suelo más de lo que puede dar. Y en esto tiene que ver la actividad agropecuaria”, concluyó Elena María Abraham, directora de esa institución.
Si bien no hay un relevamiento exhaustivo de las tierras degradadas, la especialista promedió que “la desertificación avanza 600 mil hectáreas por año”. Para Juan Minetti, meteorólogo y director del Laboratorio Climatológico Sudamericano, las consecuencias son producto de que “hay regiones que fueron ocupadas por productores sin conocimientos de las variabilidades interdecadales (entre décadas) del clima”. Entonces, criticó, “cuando se hizo uso del suelo bajo el alegato de que la tecnología todo lo resolvería, no se midieron las consecuencias ambientales y el Estado estuvo ausente”.
El escenario es tal que, según la flamante Plataforma Climática Latinoamericana, los pronósticos alertan por un empeoramiento de “la desertificación de zonas tradicionalmente aptas para la agricultura”.


La contaminación más visible
Un ícono de la contaminación más grosera es el Riachuelo. Más de 10 mil industrias vierten allí sus desechos de producción. La Corte Suprema de la Nación se había expedido en 2008 para que los estados nacional, provincial y porteño se hiciesen cargo del saneamiento. Y creó un cuerpo colegiado coordinado por el Defensor del Pueblo de la Nación, Farn, Greenpeace, el Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels) y la Asociación de Vecinos de La Boca.
Para el presidente de esta OSC, Alfredo Alberti, “si bien la factibilidad del reordenamiento territorial de la cuenca es factible, hay una escasa voluntad política que no está acorde a la demanda social ni a las de la Corte para dar respuesta al problema”.
Desde que el máximo tribunal se manifestó al respecto, la Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo (Acumar) censó 4.100 empresas y creó un cuerpo de doce inspectores para los controles. “Hicimos un cálculo y con esa cantidad de inspectores se tardaría diez años en hacer una sola inspección a esa cantidad de industrias, que son menos de la mitad de las que hay. Enfocado así, el saneamiento es una utopía”, criticó Alberti.
El grado de contaminación del Riachuelo tiene impacto sobre los 3 millones de personas que viven a su vera. Y ni hablar de los basurales. O sí. La existencia de al menos 3 mil basurales a cielo abierto y rellenos sanitarios pone en evidencia el éxito de las campañas de reciclaje. Oficialmente, se reconoce un centenar de basurales clandestinos en los barrios más pobres del conurbano bonaerense, pero las estimaciones hablan de 1.500, la mitad del país. En ellos se deposita el 60 por ciento de los residuos sólidos urbanos.
De esta cantidad, el 85 por ciento podría reciclarse. La contaminación de las napas es incalculable, así como también las de sus emanaciones de metano, que deja secuelas que tallan los cuerpos de la población cercana y los de quienes frecuentan el área por tareas como el cirujeo.

Conciencia para sanar
¿El país está preparado para los efectos del CC? De no haber cambios, según las OSC y los especialistas consultados, las poblaciones de la costa atlántica tendrán un alto grado de vulnerabilidad debido al aumento del nivel del mar y la erosión; las ciudades litoraleñas serán golpeadas por el incremento de las lluvias en las altas cuencas; en las zonas secas, las menores lluvias disminuirá el caudal de los ríos y harán que la Región de Cuyo deba reducir sus áreas de riego. De hecho, “con el aumento de la población vamos a tener que realizar esfuerzos de adaptación significativos para contar con agua para el riego y la vida. Menos agua para más población”, calculó Giraud, que también integra el espacio de Asambleas Mendocinas Por el Agua Pura (Ampap). Es decir que la situación de los más pobres seguirá empeorando.
Y para los productores, el pan para hoy podría ser hambre para mañana.
Según Montenegro, además de comprender la RA de la que habló párrafos arriba “también hay que tener en cuenta la Resistencia Social (RS), que establece los comportamientos sociales.
La sociedad considera que el agua viene de las canillas, no de las cuencas hídricas. Vive en un sistema de consumismo que no le permite hacer esa relación.
Y hasta que no se dé cuenta del vínculo entre consumo y medio ambiente, tal como la Ambiental, la Resistencia Social va a seguir siendo la menor de la historia.”


2.6 Consumo responsable[7]

Es una manera de consumir bienes y servicios teniendo en cuenta, además de las variables de precio y calidad, las características sociales y laborales del entorno de producción y las consecuencias medioambientales posteriores. Cada producto o servicio tiene una historia: antes de llegar a la góndola o local comercial, los mismos han pasado por distintas instancias (materia prima, fabricación o ensamblado, distribución, canales de venta, etc.). Existen productos que promueven situaciones de equidad, participación, cuidado de medio ambiente (empresas que promueven el trabajo genuino, que implementan plantas de tratamientos de contaminantes) y otros que mantienen situaciones de inequidad o contaminación (empresas que contratan a niños o que no respetan la jornada laboral).
Asimismo el consumo no termina en la acción de consumir. En general, todo consumo genera residuos. En nuestra ciudad se producen aproximadamente 500 toneladas de residuos por día que no reciben tratamiento. Esta realidad nos obliga a pensar estrategias de reciclado, ya que la basura enterrada indiscriminadamente o sin clasificar, genera contaminación. Actualmente existen emprendimientos cooperativos de reciclado de papel que brindan una salida laboral a muchas familias porteñas. La elección de este tipo de productos “responsables”, es una clara opción para quienes optan por la modalidad del consumo responsable.

El rol de las empresas
A futuro se espera que las grandes empresas incorporen esta modalidad para la elaboración de sus productos. Cómo ejemplo actual podemos citar la utilización por parte de algunas empresas de envases de vidrio. El consumidor que elige estos envases está propiciando una menor generación de basura (lo envases de vidrio son reutilizables) y una menor contaminación, ya que el vidrio se degrada casi diez veces más rápido que el plástico.
Fomentar un consumo responsable es entender que los recursos naturales no son renovables y que las generaciones futuras deben tener las condiciones necesarias para poder vivir. El consumidor elige en el mercado la historia que se contará en el futuro.
Podríamos esquemáticamente distinguir tres aspectos fundamentales o formas de consumir que constituyen lo que se denomina consumo responsable:
Un Consumo Ético, requiere introducir aspectos valorativos a la hora de consumir o de optar por un producto. Se hace especial énfasis en la austeridad, es decir, se trata de discernir entre las necesidades reales y las creadas por la publicidad que incentiva el consumo como forma de alcanzar la felicidad y el bienestar (consumismo). Esta mirada crítica lleva a una reducción en la cantidad de productos consumidos y por lo tanto disminuye el volumen de basura y la contaminación que se produce en la producción y el consumo.
Un Consumo Ecológico, que implica un circuito básico de producción a partir de la reducción, la reutilización y el reciclamiento de los distintos productos sociales. También se analizan los productos de origen orgánicos poniendo el acento en la generación de una agricultura y ganadería ecológicas, la opción por la producción artesana, y todas aquellas formas de producción que no deterioren las condiciones del medio ambiente.
Un Consumo Social o Solidario, es el que tiene en cuenta las relaciones sociales y condiciones laborales en las que se ha elaborado un producto o brindado un servicio. Se podría incluir al comercio justo, el que propone acercar al productor con el consumidor final para eliminar las mediaciones que elevan los precios. Se trata de pagar lo justo por el trabajo realizado, tanto a los productores de las zonas periféricas como a los que están en nuestro ámbito local y de potenciar alternativas sociales de producción e integración, promoviendo un desarrollo equitativo y sustentable.



[1] Extracto de ” Estamos en un Titanic” de Edgar Morin. Disponible en: www.pensamientocomplejo.com.ar
[2] Información relevada del programa La educación para el desarrollo sostenible de UNESCO. Más información en: http://www.unesco.org/es/education-for-sustainable-development/
[3] Extracto de: “Más ética, más desarrollo” de Bernardo Kliksberg. Editorial Temas. 19va edición
[4] Extracto de: “Un apartheid climático”. de Bernardo Kliksberg. Para el diario LA NACION. Publicado el Miércoles 26 de diciembre de 2007
[5] Extracto del texto “Cambio climático: Impacto en la Argentina” Texto Año 15, Nro 74. Diciembre 2009. Nota de Tapa. Textos ADRIÁN FIGUEROA DÍAZ. Disponible en: http://www.tercersector.org.ar/notas/notaT74.php 
[6] La ley de Presupuestos Mínimos para la Preservación de los Glaciares y del Ambiente Periglacial, fue aprobada en el Senado de la Nación el 30 de septiembre de 2010, con posterioridad a esta nota. El texto de la ley puede consultarse en http://www.greenpeace.org/raw/content/argentina/cambio-climatico/ley-de-presupuestos-minimos-glaciares-senadores.pdf  

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